La ciencia no se pone muy de acuerdo sobre el síndrome, el estrés o la depresión postvacacional. No está considerado como una enfermedad en la principales clasificaciones internacionales y la academia se divide entre los que se decantan por considerarlo una patología –afecta al bienestar de las personas-, mientras que otros lo califican como una situación transitoria y en parte normal.
Un estudio, de 2008, del Grupo de Salud Mental de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) española, establecía que «las molestias físicas y psíquicas que muchas personas experimentan al acabarse las vacaciones pueden experimentarse a cualquier edad, incluida la infantil. Afecta al 5-8% de los niños y al 15% de los adultos».
- Debilidad generalizada y astenia (fatiga general que dificulta o impide a una persona realizar tareas que en condiciones normales hace fácilmente).
- Puede haber problemas de insomnio y de una somnolencia llamativa durante el día.
- Limitación de la capacidad de concentración y tolerancia al trabajo, que se manifiestan en desidia y hastío.
- Cambio del carácter con cierta agresividad que puede llegar a afectar las relaciones con los compañeros generando un mal ambiente laboral.
- Cuadro depresivo.
- En algunos casos puede ocasionar estrés agudo que se manifiesta en disminución del rendimiento, palpitaciones, sudoración, aumento de las frecuencias respiratoria y cardiaca, temblores…
- En extremos, si se perpetúa más allá de unos días, puede aparecer un síndrome de ansiedad generalizada o estrés crónico, que exigiría de tratamiento.
Consejos para minimizar los efectos del síndrome
- Planifique un lugar apto para toda la familia.
- Deben suponer un tiempo de descanso.
- Practique hábitos de vida saludable, con ejercicio físico y una alimentación equilibrada.
- Procure mantener los mismos horarios, o al menos no cambiarlos radicalmente.
Preventivo:
- Vuelva de forma progresiva a la rutina, no esperando al último día antes del trabajo.
- Mantenga las aficiones iniciadas durante el verano.
- Cuando se incorpore a su vida ordinaria, mantenga un orden de prioridades.
- Duerma adecuadamente, al menos 8 horas seguidas.
- Mantener horarios regulares durante el día como en las horas de acostarse.
- Practicar ejercicio físico moderado y a diario si es posible.
En el trabajo:
- Module la intensidad del trabajo, de menos a más, intentando empezar por las tareas más gratas. Seleccione aquellas actividades que pueda llevar a cabo, delegando aquellas para las que no esté tan preparado.
- Aproveche los tiempos de descanso o de comida para volver a alguna actividad agradable, para las relaciones sociales o familiares.
- No llevarse trabajo a casa.
- Plantee los problemas del modo más simple y esencial posible, prescindiendo de los detalles nimios y sopesando lo esencial a la hora de buscar soluciones.
- Halagar el trabajo bien hecho de los compañeros, y corregir el incorrecto de forma sutil pero firme.
- Mantenga una actitud positiva, practicando la relajación a intervalos regulares, eliminando pensamientos o ideas irracionales que generen ansiedad.
Específicamente para los más pequeños, la semFYC -médicos de familia- aconseja que inicien el horario escolar antes de empezar las clases, es decir que cuatro o cinco días se levanten y se acuesten como si tuviesen que ir al Colegio, y ajusten igualmente las horas de comidas.

